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El quinto patrón (P5), a su vez, muestra
casi diez veces la demanda de recursos
naturales del anterior, con un consumo
notoriamente superior al resto en cada
grupo alimenticio. Esta conducta está
presente en 9% de la población (gráfica
1)
y claramente se relaciona con hogares
asentados en localidades de gran tamaño
y alto nivel de ingreso (gráfica 2).
Consideraciones finales
La urbanización y el ingreso son dos de los
determinantes en la formación de patro-
nes de consumo. Mientras el primero es
paralelo a la conformación de un sistema
de abasto y dispone, por ende, los alimen-
tos en el mercado, el segundo delimita la
posibilidad de acceder a ellos. Aunque las
restricciones de espacio impiden profun-
dizar en todos aquellos factores incorpo-
rados al modelo, es posible ejemplificar,
con lo que hemos mostrado, la estrecha
relación entre rasgos sociodemográficos
de los hogares, formación de conductas
de consumo y magnitud de los recursos
naturales requeridos para la producción
agropecuaria.
El vínculo anterior es una tarea inusual,
por no decir compleja. La división ana-
lítica entre consumidores y productores
suele alejar a unos de los otros, dados los
fines que cada cual persigue. No obstante,
los estudios poblacionales suelen poner
más énfasis en la producción, llegando a
concluir que las medidas para paliar las
presiones sobre el medio ambiente depen-
den únicamente de los incrementos en la
productividad del sector primario y del
descenso en la tasa de fecundidad, sin aten-
der los rasgos demográficos del consumo
lo cual, paradójicamente, es un estudio de
población y medio ambiente sin población.
Por todo ello, es necesario discutir sobre el
particular sin subestimar el daño ambiental
y sin omitir la diversidad de conductas de
consumo, que está en función de los rasgos
sociodemográficos de los hogares. Se mos-
tró que las conductas alimenticias propias
de hogares urbanos y de altos ingresos
exhiben más requerimientos de superficie
agropecuaria. En este sentido, tal hecho
no debe entenderse como una exaltación
de las bondades ecológicas de la pobreza,
sino como un esfuerzo para constatar las
implicaciones ambientales de la propaga-
ción de una dieta con mayor proporción
de alimentos de origen animal y bebidas
como sinónimo de bienestar económico.
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El Colegio de México,