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Consideremos, primero, la proba-
bilidad de que una mujer que dio a
luz una vez experimente un segundo
parto. Entre las mujeres de las genera-
ciones avanzadas, cuando una mujer
ha parido a su primer niño natural-
mente tiene 94% de probabilidades
de vivir un segundo parto; pero si
el primer bebé nació por cesárea, la
probabilidad de experimentar un
segundo parto disminuye a 74%.
En las generaciones nacidas entre
1966-1968,
la probabilidad de expe-
rimentar un segundo parto es de 88%
entre las mujeres cuyo primer parto
fue natural, y de 72% entre quienes
experimentaron una cesárea con su
primer hijo. Estas probabilidades son,
respectivamente, de 79% y 63% entre
las mujeres más jóvenes.
Sobre la probabilidad de que una
mujer que ha dado a luz dos veces
experimente un tercer parto, en las
generaciones 1951-53 pasa de 87%
entre quienes nunca han dado a luz
por cesárea, a 65% entre quienes
tuvieron al menos una cesárea en
alguno de los dos primeros partos. En
las generaciones 1966-68, las que han
dado a luz dos veces de manera natu-
ral tienen 76% de oportunidades de
experimentar un tercer parto, mien-
tras que las que tuvieron al menos una
cesárea en uno de sus dos primeros
partos tienen una probabilidad de
45%
de parir una tercera vez. Las
mujeres nacidas en 1978-80, tienen
probabilidades de 54% y 38%, res-
pectivamente.
experiencia en el segundo. La aplica-
ción del dogma se refuerza luego y la
proporción se eleva en las siguientes
generaciones a 86% y 84%, respec-
tivamente. Además, el paso de un
primer parto natural a un segundo
por cesárea es cada vez más frecuente
entre las generaciones avanzadas,
intermedias y jóvenes (5%, 11% y
20%,
respectivamente). En conse-
cuencia, el peso de las trayectorias
compuestas por dos partos naturales
pasa de 86% de las madres a 60%, y
posteriormente a 55%; a la inversa,
las trayectorias con dos cesáreas pasan
de 7% a 27%. Las trayectorias que
mezclan ambos tipos son más fre-
cuentes entre las más jóvenes (19%).
Lo mismo ocurre si un tercer parto se
añade a las trayectorias. Esto explica
por qué cada vez más madres experi-
mentan al menos una cesárea durante
su vida reproductiva.
Una descendencia más
reducida en las mujeres
que dan a luz por cesárea
Al considerar la descendencia alcan-
zada según el tiempo transcurrido
desde el primer parto y su tipo, hay
indicios de que, sin importar la gene-
ración, la descendencia de las que
trajeron al mundo a su primer hijo
por cesárea es inferior (gráfica 2).
El efecto del tipo de parto sobre
la descendencia es también per-
ceptible si se introducen las pro-
babilidades de vivir un parto adi-
cional según los partos previos.