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La cesárea sigue siendo un proce-
dimiento quirúrgico que entraña
riesgos, aunque permite salvar vidas;
a esos niveles, sus beneficios para la
salud materna e infantil no están tan
comprobados (Betran
et al.
, 2007;
Volpe, 2011). En México, de hecho,
el
ratio
de mortalidad materna y la
tasa de mortalidad infantil no son
especialmente bajas: en 2011, 50
defunciones por cada 100,000 naci-
mientos y 13 defunciones por cada
1,000
nacimientos, respectivamente
(
oms
, 2013).
Con todo, la propagación de las
cesáreas y las posibles relaciones
entre el parto quirúrgico y la dis-
minución de la fecundidad han sido
poco analizadas en demografía. Un
boletín de
Práctica Médica Efectiva
dedicado a las cesáreas, recomienda
informar a las mujeres sobre sus con-
secuencias para futuros embarazos
citando, entre sus efectos negativos,
el que un nuevo embarazo pueda
no ocurrir (Cabezas
et al.
, 2004).
Existen estudios que señalan que
la cesárea restringe la fecundidad y
favorece la adopción de métodos de
anticoncepción definitivos (Rosales y
Felguerez, 2009; Muñoz-Encisco
et
al.
, 2011).
En efecto, según el dogma
de 1916 —“Una vez cesárea, siem-
pre cesárea”, puesto en entredicho
internacionalmente pero hasta fecha
reciente muy respetado en México–,
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un parto por cesárea implica una
nueva intervención quirúrgica en
partos sucesivos para evitar compli-
caciones vinculadas con cicatrices de
la primera intervención. Este dogma
suele asociarse a menudo con una
limitación en el número de cesáreas,
pues se considera que entre más
cicatrices existan mayor el riesgo
del embarazo y la preferencia de
esterilizar a la mujer para evitar cual-
quier riesgo. Así, la proliferación de
cesáreas y su repetición en una mujer
puede obligar a muchas a renunciar
a un embarazo por el riesgo, real o
aparente, que implica. Tal decisión
puede ocurrir espontáneamente o
por la influencia del médico, que
con cierta firmeza la disuadirá de
un nuevo embarazo.
Esta relación entre cesárea y fecun-
didad es la que nos proponemos
explorar mediante los resultados
preliminares de la Encuesta Demo-
gráfica Retrospectiva de 2011 (Eder,
2011).
Nos interesaremos en el tipo
de parto y observaremos la fecun-
didad de tres cohortes de muje-
res urbanas en 2011, nacidas en
1951-53, 1966-68
y 1978-80, entre
las cuales los partos por cesárea fue-
ron cada vez más frecuentes.
Frecuencia de las cesáreas
Entre las generaciones citadas, los
partos por cesárea ocurren cada vez
más a menudo. Para cada edad, la
proporción de mujeres que experi-
mentaron un parto natural disminuye
entre las generaciones estudiadas,
mientras la proporción de quienes