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E
n México, como en numerosos países de América Latina, los partos
por cesárea son cada vez más frecuentes. La proporción de nacimientos
mediante ese procedimiento pasó de 12.4% en 1987 (Enfes, 1987)
a 26.5% en 1997 (Enadid, 1997), subió a 33.2% en 2003 (Ensar, 2013) y a
43.1%
en 2009 (Enadid, 2009). Estos ultimos porcentajes superan amplia-
mente la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (
oms
),
que preconiza niveles comprendidos entre 5 y 15% (
oms
, 1994).
Superan
también las recomendaciones de la Secretaría de Salud de México, que fijó
una norma de entre 15 y 20% en 1995 (
ssa
, 1995)
y la elevó a 25% en 2002
(
ssa
, 2002).
A priori
,
la cesárea es un procedimiento quirúrgico decidido por
el médico-obstetra al presentarse un parto distócico
1
que no puede solucio-
narse por medios menos invasivos. Debe reconocerse que tales niveles de
cesárea obedecen a diversas y complejas explicaciones, en donde las razones
estrictamente médicas distan de dominar (González-Pérez
et al.
, 2011).
Los
intereses del cuerpo médico y las instituciones de salud para practicar los
partos por cesárea son múltiples: logística de organización y rentabilidad
de las infraestructuras, organización de horarios, remuneraciones mayores
y protección contra denuncias, y percepción de los médicos de mayor con-
trol sobre el resultado. Las mujeres pueden también optar por una cesárea
para evitar el dolor, preservarse fisiológicamente de las consecuencias de un
parto vaginal, planear la fecha del parto, o también porque su seguro cubre
únicamente las cesáreas.
Palabras clave:
cesáreas
fecundidad
política demográfica
Carole Brugeilles
*
COY U N T U R A D E MO G R Á F I C A
,
N ÚM . 6, 2 0 1 4
MEDIO
PARA